Esta campaña nace con una intención clara: reivindicar la cocina fácil, rápida y sin complicaciones, acompañada del icónico tema Ni Tú Ni Nadie, y pensada  para quienes quieren disfrutar de la cocina a su manera, sin presiones innecesarias.

Por eso cada vez se valoran más las soluciones prácticas y sabrosas,  capaces de adaptarse a cada momento. Opciones como los vasitos de arroz Brillante, pensadas para cambiar, elegir y crear platos completos en cuestión de minutos, sin renunciar al sabor ni al disfrute.

Hoy cocinar significa flexibilidad, pero también juego. Poder cambiar de idea en el último momento, abrir la nevera, mezclar lo que apetece y dejarse sorprender por el resultado. Disfrutar del proceso sin normas estrictas y sin miedo a probar algo distinto. Porque cuando la cocina fluye, cocinar vuelve a ser divertido.

Uno de los elementos más reconocibles del spot es su música. La campaña se inspira en Ni Tú Ni Nadie, un tema icónico que apareció en los años 80, interpretado por Alaska y Dinarama, que hablaba de independencia, de hacer las cosas a tu manera y de no seguir lo que otros esperan.

La reinvención que hace ahora este anuncio parte precisamente de ahí. Toma ese espíritu —hacerlo a tu manera, sin comparaciones— y lo lleva a un terreno cotidiano: la cocina. Lo que antes hablaba de independencia personal, hoy se transforma en una forma de cocinar más libre, sin presión y con la tranquilidad de saber que improvisar también puede salir bien.

El estribillo que en los 80 sonaba a afirmación personal, hoy se convierte en una declaración sencilla pero poderosa: cocinar puede ser fácil, está rico y lo has hecho tú. No se trata de competir ni de demostrar nada, sino de disfrutar del resultado. Nadie tiene por qué superarte.

Así, la canción mantiene su carácter de himno, pero cambia el escenario. Ya no es la pista de baile ni el escenario pop, sino la cocina real, vivida y cotidiana. Y eso es precisamente lo que representa esta reinterpretación: que la libertad y la confianza también se juegan en los pequeños gestos del día a día.

En el anuncio queríamos mostrar una escena real de la cocina de hoy. Una cocina sin artificios, donde el arroz aparece como punto de partida y no como un límite. Una invitación a crear, mezclar y probar sin miedo.

Porque cuando hay una buena base, dejarse llevar deja de dar vértigo y se convierte en parte del juego.